A Adolfo lo que más le preocupaba era que sus planes pudieran truncarse por la indiscreción de sus colaboradores. Esa era la madre del cordero. (HERRERO, Luis. “En lo alto del podium” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5 ed. 2007, p.149)
Indiscreción
La adulación
Adolfo decidió aprovechar el escaso margen de maniobra que le quedaba poniendo en marcha su técnica preferida: la adulación. (HERRERO, Luis. “La recta del sprint” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5 ed. 2007, p.131)
Los preteridos
Los preteridos no suelen aceptar de buena gana la superioridad del elegido. (HERRERO, Luis. “La recta del sprint” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5 ed. 2007, p.131)
Saber que hacer
El comportamiento de Adolfo durante el tiempo que transcurre desde ese instante hasta que el oficial su nombramiento arroja la imagen de un hombre que ha estudiado con mucho detenimiento la situación y que sabe qué es lo que debe hacer y decir en cada momento. (HERRERO, Luis. “La recta del sprint” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5 ed. 2007, pp. 130-131)
Normal
“Elevar a la categoría política de normal, lo que a nivel de calle es simplemente normal” (HERRERO, Luis. “La recta del sprint” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5 ed. 2007, p. 129)
Poder
“Daría diez años de mi vida por uno solo de poder” (HERRERO, Luis. “Comienza la carrera” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5Ta Ed. 2007, p. 73)
Frenar o acelerar
Adolfo sabía cuándo tenía que frenar o acelerar, cambiar de orientación o amagar con irse a un lado antes de bascular hacia el contrario. Eso no quiere decir en absoluto que no tuviera convicciones-las tenía- o que no supiera a dónde quería ir a parar. Lo sabía muy bien. Pero también sabía muy que, en política, el mejor camino, a menudo el único transitable, casi nunca es la línea recta. No es siempre bueno decir toda la verdad. (HERRERO, Luis. “Comienza la carrera” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5 ed. 2007, p. 70-71)
Lo que se proponia ser
Haciendo gala de una portentosa seguridad en sí mismo le contó todo lo que se proponía ser: gobernador civil, director general, subsecretario, ministro y, antes de cumplir los cincuenta años, presidente del gobierno. (HERRERO, Luis. “Los años de precalentamiento” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5Ta Ed. 2007, p. 31
Puesta en escena
Yo creo que la afición de Adolfo por la interpretación marcó en buena medida su manera de ser. No se me ocurre otra influencia capaz de justificar la importancia que le dio siempre a la puesta en escena. La cuidaba tanto como el contenido de cada situación. (HERRERO, Luis. “Los años de precalentamiento” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5 ed. 2007, p. 22)
Vivir la esperanza del cambio
“La concientización se refiere al proceso mediante el cual los seres humanos, no como receptores, sino como sujetos de conocimiento, alcanzan una conciencia creciente tanto de la realidad socio cultural que da forma a sus vidas, como de su capacidad para transformar dicha realidad.” Paulo Freire
Vivo donde quiero vivir, en mi país la República Dominicana y creo que esto ya es una gran bendición de Dios, muchos de mis hermanos no pueden vivir en su país, aun cuando lo sueñan y lo anhelan. Mas allá de esta isla, mi isla, tengo y comparto con mis hermanos dominicanos una patria, un identidad, una cultura, unos sentimientos, unos sueños.
No estoy solo, no estamos solo, un dominicano nunca está solo, este es un camino de esperanza, un camino en el que queremos transitar para construir más y mejores oportunidades para todos, un camino de trabajo, responsabilidad, un camino en el que Dios nos guía hacia un sueño: el de ser felices
Para nosotros ser felices es la alegría de ver que todos podamos compartir la construcción del país, de nuestro país, de mi país. Es que para nosotros los dominicanos cuando hablamos de nuestra tierra inmediatamente la hacemos nuestra: mi país.
En mi país ser felices significa que todos puedan tener un plato de comida en su mesa, un plato de comida que compartir con quien no lo tiene. En mi país queremos un techo, para todos, que nos cubra de la intemperie, que nos cobije del sereno que nos acurruque con los nuestros. En mi país tenemos la esperanza que nuestros hijos tengan las oportunidades que nosotros no tuvimos y que estudien para que algún día sean alguien.
En mi país queremos tener dónde llevar a nuestros seres queridos cuando se enferman, queremos que no le falte nada a nuestra gente. Es que mi país es lindo y su gente es alegre y luchadora, este es mi país y le doy gracias a Dios por haberme dejado nacer en su tierra, porque para nosotros los dominicanos, “esta es la tierra de Dios”, aquí compartimos nuestras tristezas y nuestras alegrías. Estoy viviendo como ser humano, como dominicano, un proceso en el que leo, observo, escucho, escucho, escucho, converso, pienso y trato de comprender cada vez más a mi país y como todo dominicano tengo una necesidad casi fisiológica de comunicar lo que voy sintiendo. Es que para mí, poder compartir ideas, sentimiento, vivencias y reflexiones que transcurren a lo largo de mi vida, contribuyen a un proceso esperanzador de cambio, en el que pretendo comprender la realidad objetivamente.
Cuando hablo de la esperanza de cambio en mi país evito el dualismo que separa los cambios de las personas de los de la sociedad, tomando conciencia de la necesidad de acciones concretas que nos comprometan y de esta manera contribuir en la generación de procesos de cambio que se transforme con alegría y esperanza en un compromiso, que permitan que todos los dominicanos podamos vivir felices en nuestro país. Para ello tenemos que vivir la esperanza del cambio que nos permita a todos los dominicanos tener el país que soñamos. Comencemos cada uno a construir el país como lo que es nuestro país, mi país.
