Sangre fría
Cómo pudiste tener la sangre tan fría de quedarte impávido?-le pregunte en una ocasión. Porque no se me iba de la cabeza la idea de que si me tiraba al suelo la fotografía del día siguiente en todos los periódicos sería un primer plano del culo del presidente del Gobierno-me respondió mientras el mismo se reía de la respuesta. (HERRERO, Luis. “A la ducha” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5 ed. 2007, pp. 224-225)

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