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La transición

“A mi juicio, la Transición fue, sobre todo, un proceso político y social de reconocimiento y compresión del distinto, del diferente, del otro español que no piensa como yo, que no tiene mis mismas creencias religiosas, que no ha nacido en mi comunidad, que no se mueve por los ideales políticos que a mi me impulsan y que, sin embargo, no es mi enemigo sino mi complementario, el que completa mi propio yo como ciudadano y como español, y con el que tengo necesariamente que convivir porque sólo en esa convivencia él y yo podemos defender nuestros ideales, practicar nuestras creencias y realizar nuestras propias ideas. Creo que nadie, en política democrática, posee la verdad absoluta. La verdad siempre implica una búsqueda esforzada que tenemos que llevar a cabo en común, desde el acuerdo de convivir y trabajar juntos.” (HERRERO, Luis. “A las puertas del olvido” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5 ed. 2007, p.282)

Una sonrisa en los labios

Que las creencias y las convicciones hay que traducirlas en actos; que los hombres y mujeres valen por lo que hacen; que la vida y el quehacer público alcanza su sentido más pleno cuando se desarrollan en servicio a los demás; aprendí el valor de la conciencia recta y de la coherencia personal. Fernando me enseñó que el trabajo debe estar presidido por la razón, el sentido común y un claro ideal de justicia. Y que las tareas más difíciles hay que llevarlas a cabo con sentido del humor, con una sonrisa en los labios. (HERRERO, Luis. “A las puertas del olvido” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5 ed. 2007, p.281)

Sentimiento

“Con mi afecto personal, recibe un fuerte y cariñoso abrazo” (HERRERO, Luis. “A las puertas del olvido” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5 ed. 2007, p.279)

Sufrimiento

“Basta volver la cabeza para encontrar la respuesta adecuada a esas preguntas. Los otros que sufren, los demás que sufren, ¿por qué sufren?¿qué han hecho para merecer el sufrimiento que padecen? Es  el dolor -concluye-lo que más directamente nos lleva a la solidaridad” (HERRERO, Luis. “A las puertas del olvido” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5 ed. 2007, p.279)

Teléfono inesperado

Cuando un teléfono suena inesperadamente es señal, la mayoría de las veces, de que algo no va como debería. La estadística demuestra que los telefonazos suelen complicar la vida en lugar de facilitarla. (HERRERO, Luis. “A las puertas del olvido” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5 ed. 2007, p.271)

Apoyo

La idea de dosificar la información y de constituir el grupo de apoyo al que Mariam se refería en su libro fue de Adolfo, fiel a una teoría que le escuché en más de una ocasión; “ De alguna manera existe una especie de comunión entre el enfermo y quienes le cuidan. El ánimo de los enfermeros se trasmite al enfermo. Y al revés. Los que cuidaban los enfermos no curan se no les mueve un sentimiento de amor, afecto y de cariño. (HERRERO, Luis. “Volver a empezar” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5 ed. 2007, p.266)

Competición dialéctica

Le gustaba la competición dialéctica, la respuesta rápida y el ingenio. Hablaba sobre todo de política, si, pero de vez en cuando descubría un pliegue oculto de su intimidad. (HERRERO, Luis. “Volver a empezar” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5 ed. 2007, p.265)

Cambios a las bestia

Hemos tratado de imponer la economía de mercado en los antiguos países del Este de golpe, a lo bestia.  Por nuestra torpeza estamos provocando el regreso de los viejos comunista. Teníamos que hacer hecho las cosas gradualmente, protegiendo primero los derechos humanos, introduciendo poco a poco el pluralismo político y acostumbrado a los ciudadanos paulatinamente a la idea-para ellos desconocida-de la libertad. El país que lo está haciendo menos mal es China, aunque reconozco que allí no se respetan los derechos humanos. (HERRERO, Luis. “Volver a empezar” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5 ed. 2007, p.264)

Buen trato

Su capacidad para llevarse bien con casi todo el mundo es proverbial. (HERRERO, Luis. “Volver a empezar” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5 ed. 2007, p.260)

Ayudar

Que más ayuda constante y sonante le prestó a Adolfo de forma desinteresada. (HERRERO, Luis. “Volver a empezar” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5 ed. 2007, p.257)

Un tipo estupendo

Que es un tipo estupendo, amigo de sus amigos. Que se trata de una de las cabezas menos convencionales que yo haya tenido el honor de tratar a lo largo de mi vida: es innovador y tiene vista de largo alcance, así que va siempre un poco por delante de su época. (HERRERO, Luis. “Volver a empezar” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5 ed. 2007, pp.256-257)

Primer mandamiento

Se equivocaría del todo, en mi opinión, quien perdiera de vista que el patriotismo era el primer mandamiento de su decálogo político particular. (HERRERO, Luis. “Volver a empezar” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5 ed. 2007, p.254)

“Interes del estado”

Es la que pone de manifiesto que el poder carece de escrúpulos y que hasta la vida vale muy poco si lo que está en juego es aquello tan rimbombante del interés del Estado. (HERRERO, Luis. “Volver a empezar” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5 ed. 2007, p.253)

Mosquitos y camellos

Pero estoy seguro de que Adolfo nunca hizo nada mal a sabiendas. Sin embargo, he aquí una de las grandes paradojas de su biografía: colaba un mosquito cuando se trataba de sí mismo, pero se tragaba un camello cuando se trataba del partido. Fue honrado a carta cabal, pero se rodeó de un puñado de ilustres magnates. Sinceramente, nunca he entendido por qué. (HERRERO, Luis. “

Sangre fría

Cómo pudiste tener la sangre tan fría de quedarte impávido?-le pregunte en una ocasión. Porque no se me iba de la cabeza la idea de que si me tiraba al suelo la fotografía del día siguiente en todos los periódicos sería un primer plano del culo del presidente del Gobierno-me respondió mientras el mismo se reía de la respuesta. (HERRERO, Luis. “A la ducha” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5 ed. 2007, pp. 224-225)

Hacerlo visible

Presumía de aquellas cosas que podía acreditar y sólo reclamaba las recompensas que consideraba justas. (HERRERO, Luis. “A la ducha” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5 ed. 2007, p.223)

Ideología y práctica

Tenemos que aprender a comportarnos con arreglo a nuestra propia ideología. Si somos el partido de las libertades y creemos en la ética y el humanismo cristiano, se tiene que notar en todos nuestros actos. (HERRERO, Luis. “A la ducha” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5 ed. 2007, p.214)

Uso de las palabras

Si en la intimidad era un hombre poco precavido, en la vida pública cada una de sus palabras hasta desposeerlas de impurezas indeseables. (HERRERO, Luis. “La ceremonia de las medallas” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5 ed. 2007, p.187)

En beneficio de todos

Si un político, a la hora de ejercer el poder, no hace aquellas cosas que cree que debe hacer en beneficio de todos, no está siendo el presidente de todos los españoles. Yo sabía que asumía un gran  riesgo. Pero es que me habían puesto ahí para eso. (HERRERO, Luis. “En lo alto del podium” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5 ed. 2007, p.174)

Obstaculos

“La infantería no reconoce obstáculos” (HERRERO, Luis. “En lo alto del podium” En: Los que le llamábamos Adolfo. Madrid : La esfera de los libros. 5 ed. 2007, p.171)